... y reinventarse en Sherbrooke

lunes, 21 de septiembre de 2009

Altillos y buhardillas

Cuando tenía algo así como seis o siete años uno de mis libros favoritos era "Heidi", de Johanna Spyri. Me encantaba imaginar la cama de heno perfumado, pero sobre todo el altillo y la vista de las montañas desde la ventanita sobre su cama. Otra ventanita importante de mi infancia era la buhardilla de Sara, la "Pequeña Princesa" de Frances H. Burnett.

Caminando por Shebrooke en estos bellos y cálidos días de principio de otoño, esas imágenes me vinieron a la memoria al ver el horizonte azul de los Apalaches y al encontrar estos altillos y buhardillas, tan diferentes sin embargo de aquel de la casita del "Viejo de los Alpes" aunque mucho más acogedores.

Preferiría despertar con el sol de la mañanita entrando por la ventana?O con la media sombra de los arces otoñales enfurecidos de tanto rojo?O esperar en la torre a que mi príncipe encantado me despierte con un beso?
No importa la opción elegida, lo importante es gozar de la calidez del otoño mientras aun dure. Luego vendrá el fresco octubre, el Thanksgiving y Halloween, cambiando los arces por calabazas, espantapájaros y brujas de todo tipo.
Por el momento, yo aprovecho el tiempo libre después de clases disfrutándolo con mi príncipe y con mis tres hadas...

jueves, 17 de septiembre de 2009

Tres son suficientes

Por hoy, una foto del Boulevard Queen Victoria hacia el norte, y en el centro, al fondo, el blanco santuario de Sacré Coeur de Beauvoir en su cima. La vista me dejó embelesada. (Arrondisement Jacques Cartier, zona del Champ de Mars, cerca de la escuela secundaria Mitchell)
Luego esta casa sobre la rue Moore con sus arces al frente y una gárgola cuidando la entrada
Y esta imagen de la rivière St-François y el monumento a Notre Dame de Sherbrooke vistos desde el puente de la rue Terril
De a poco les mostraré más, no sea que se ahoguen con tanto color!

martes, 15 de septiembre de 2009

Nuevo y no tan nuevo (II)

Esta mañana puse en Facebook unas fotos de Anahí yendo al colegio. El comentario y las fotos eran los siguientes:

"Anahí se va sola al colegio secundario que queda como a 3 km de casa.
Para eso el colegio le provee de un pase de autobus, usa el autobus municipal, porq tenemos varias líneas pasando frente a casa. Si no fuera así, le correspondería viajar en esos autobuses amarillos escolares que se ven en las películas.
Lo que aun nos da pirî (= estremecimiento, en guaraní) es que se va sola, aunque claro, están sus compañeras que toman el mismo autobus, todas quebecoises y con quienes conversa cómodamente en francés.

Quizás lo que nos da pirî es eso, ver que la vida que lleva es la que queríamos que lleve, que vive segura, feliz y tranquila, completamente adaptada a su nuevo (para ella, en años adolescentes, ya no tan nuevo) hogar.

PD: ayer ella comentaba que le parecía raro pensar que ella llegó aquí con sólo 9 años y habiendo terminado el 4º grado en Py, y que ahora tiene 11 años y ya va al 1º de secundaria... A nosotros no nos parece raro, sino RÁPIDO!!

Les dejo las fotos de esta mañana."


En general, fue el comentario de Anahí lo que me dejó pensando...

Vamos por el segundo otoño y se viene el tercer invierno. En enero próximo cumpliremos ya dos años de estar aquí y si aun no vamos a Paraguay, en aproximadamente otro año más ya estaremos solicitando la ciudadanía canadiense.

Qué significa esto? Mucho tiempo?
Las niñas dicen que sí, nosotros que no.

Ellas miden estos casi dos años proporcionalmente a los años de vida que llevan, y para las más chicas es como el 20% de su vida. Para nosotros es aun conocimiento, adaptación.

Cada mes nos damos cuenta de la "brecha situacional" (léase hábitos, expresiones, modismos, acento, gustos, juegos, actividades extraescolares, etc.) que convierte a las niñas en futuras canadienses "de verdad" - por decirlo de algún modo y aunque no hayan nacido aquí - mientras que nosotros seremos siempre los "padres inmigrantes" que hablan con acento extranjero y recuerdan sus vidas y aventuras en otro tiempo, en otro idioma, en otro país, su país de origen. Y esto no siempre es fácil de aceptar!

Nosotros estamos tambien en lo nuevo y en lo no tan nuevo cuando enfrentamos los estudios ya conocidos pero ahora en un idioma que nos esforzamos por dominar y en el cual nunca estaremos tan cómodos como con el nuestro (o LOS nuestros, o la mezcla de español y guaraní que hablamos los paraguayos, el yopará).

Y estudiando materias que ya habíamos estudiado hace años tenemos que enfrentar lo más nuevo, la evolución que para los nuevos estudiantes (o más jóvenes) ya no es tan nuevo, pero que para nosotros lo es y mucho: nomenclaturas, avances, descripciones, tecnologías y hasta técnicas pedagógicas diferentes, como por ejemplo hacer un proyecto de fotomontaje informático u otro arte visual para representar expresiones de Literatura... francesa, claro...

Incluso la ida de Anahí sola en autobus es algo nuevo, y Andrea con sus salidas en grupo, ya sea al cine, o a alguna fiesta del cole, o a la heladería, todo es nuevo para nosotros, pero para ellas es normal... bueno, sí, lo es, claro está!

Por nuestra parte, encontramos que cada nueva cosa no tan nueva es un desafío, y para nosotros, los desafíos están para ser enfrentados y superados.

Por lo pronto, lo nuevo de nuevo es el otoño que llega, los cielos agitados y los bellos arces que nos recuerdan - otra vez - que el tiempo pasa más rápido de lo que parece...
(como siempre, click sobre el collage para agrandarlo)

martes, 8 de septiembre de 2009

Setiembre

Setiembre ha sido siempre un mes bonito.
En el hemisferio sur significa el inicio de la Primavera, que en mi bella Asunción se traduce por una superpoblación de árboles de lapacho y jacarandás florecidos. Siempre me fascinaron los grandes lapachos amarillos (aprendí que en Venezuela los llaman Araguaney), como éste que fotografié frente a la universidad donde trabajaba durante la última primavera que pasamos allí antes de venir a Canadá.Claro que también me gustan los lapachos blancos, los lilas y los rosados como éste.

Este en cambio es un jacarandá.Y éste, un chivato.
Todos estos árboles tienen en común su rol en el embellecimiento primaveral de mi Asunción natal. Y cuando estábamos por venir, yo pensaba que me sería muy triste no ver más los vivos colores de sus flores alegrando mis setiembres. Tanto, que una amiga me regaló unas bellas telas pintadas al óleo con paisajes típicos donde se ven también lapachos, uno amarillo y uno rosado.

Pero la vida nos quita para darnos más.
Así que justo en el mismo mes en que más disfrutaba de los árboles floridos, Canadá y sus arces nos regalan unos colores otoñales tan intensos que no tienen nada que envidiar a mis añorados lapachos. Y eso que cuando tomé las fotos esta siesta, estaba nublado, pero bajo el sol lucen muchísimo más! Ya se los mostraré...
(disculpen, varias fotos están desenfocadas por tomarlas desde el vehículo en movimiento)




Las laderas del Mont Bellevue recién empiezan a mostrar las oleadas de tonos rojizos, amarillos o naranjas, casi disimuladas entre tanto verde.Ya el año pasado les mostraba una belleza hecha para compartir
Este año, no sólo me han llamado la atención las hojas, que apenas empiezan a colorearse, sino la cantidad de frutas y bayas de todo tamaño y color. Éstas por ejemplo, crecen en uno de los jardines del CEGEP.

Manzanas, cerezas, frambuesas, moras y quien sabe los nombres de todas las otras frutitas que se ven colgando de los árboles y arbustos, que atraen insectos aun más coloridos: abejas, avispas rojas, verdes, amarillas, avispones enormes y negros...
Que aquí es otoño y allá primavera? Sí, ya sé. Pero el otoño es aun temporada de homenajear la vida: plantas y animales se preparan para el invierno cargando sus reservas de alimentos y gozando de la luz solar.
Al fin y al cabo, nosotros hacemos lo mismo, no?
(Dedicado a Inés, quien me ha regalado unas fotos preciosas de la primavera asuncena de ESTE año. GRACIAS!!!♥)

jueves, 3 de septiembre de 2009

Murmullos y destellos

Como en el Lago de las Nationes se está desarrollando del 2 al 6 del corriente mes el Campeonato Canadiense de Canoa y Kayak, donde equipos venidos de todas las provincias toman parte en las diferentes categorías, se hace un poco difícil caminar por el paseo que rodea al lago dada la multitud de observadores, atletas, técnicos, guardias de seguridad, comerciantes y curiosos que se dan cita allí por estos días.
(foto de celular)

Por ese motivo decidimos explorar otros rumbos, así que esta vez subimos el trayecto de la ciclovía que sigue el río Magog desde el Parc Blanchard al este hasta el Parc du Barrage al oeste, sobre la rivera sur del río y de allí, cruzando un puente que se encuentra por debajo de la autopista 410, hacia el bosque del Parc du Portage, en la rivera norte.
Vista satelital (via Google) de la zona que recorrimos, partiendo del círculo rojo arriba a la derecha hasta el de abajo a la izquierda. El óvalo mayor es la represa Drummond.

El sonido predominante, además del trinar de los pajarillos, es el del río, que se acentúa al acercarse a la represa Drummond.
Aunque algunas aves no son en rigor lo que llamaríamos "pajarillos", como lo demuestra esta garza que se contentaba con asolearse perezosa mientras las bandadas de patos y gaviotas revoloteaban y nadaban ruidosamente a su alrededor.El camino está cruzado por varios arroyuelos que descienden hacia el río sobre sus lechos rocosos bajo puentes de madera, aumentando la musicalidad en el aire. Y las ranitas e insectos que saltan apurados por esconderse ante la presencia de extraños , dejan su marca en las ondas que cruzan los pequeños charquitos que se forman.El concierto se completa con el susurro de las ramas de los árboles mecidas por la brisa, que apuntan sus hojas verdes, amarillas, naranjas o rojas - testigos fieles del cambio de estación que se aproxima - hacia los rayos brillantes que se abren paso entre el follaje en su caida desde el perfecto turquesa del cielo.Quien diría que a sólo unos metros y minutos de distancia se encuentra una ciudad activa, una carretera acelerada y todo un mundo tan diferente a éste?
La calma y serenidad que nos invade caminando por esta sección de la ciclovía "des Grandes Fourches" en el "eje Magog" y bajando a la orilla del río, nos hace olvidar un poco el trabajo, el tiempo, las preocupaciones y compromisos. Nos deja disfrutar del paisaje, de las sensaciones intensas producidas por el calor de los rayos del sol y el frescor de la brisa matutina sobre la piel acalorada por el esfuerzo, del murmullo entre el bosque y el río en los oídos, de los perfumes a tierra mojada, a manzanas silvestres, a hierba y a follaje y de la brillante claridad de los colores de las hojas caídas y del reflejo del sol sobre las aguas.




Después de una noche de trabajo en el hospital ¿quién dijo que lo más relajante es dormir?

Nos estamos viendo!

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