- Los obvios: cambio de país, de idioma, de clima, de leyes, de costumbres sociales, de entorno, de algunas amistades inclusive.
- Los no tan obvios: cambio de profesión (al menos al principio, para las regidas por un orden o colegiatura), del significado coloquial de los vocablos (el idioma que se estudia no es el mismo que se oye en las calles), de las características y condiciones de las relaciones interhumanas (¿será que me acostumbraré a no saludar con dos besos en las mejillas a las personas que recién me presentan?), de alimentos básicos (será interesante encontrar a la carne vacuna más cara que los mariscos en vez de al revés), de organización escolar y malla curricular (¿cómo es eso de que los chicos pueden egresar del colegio sin haber aprobado algunas materias?), de ajuste corporal para el reloj climático (cambiaré del ardiente verano paraguayo al invierno congelante del enero quebequense tras sólo 24 horas de viaje) y para el biológico (¡hurra! aquí, con las tres décadas y alguito que llevo de vida, soy una anciana; allá seré una jovencita ¡los milagros ocurren!... jajaja), cambio de vestimentas, de climatización, de FIESTAS (nunca he celebrado Halloween porque no es una fiesta nuestra y no tiene sentido hacerlo aquí; menos aún el Día de Acción de Gracias).
De mi parte, imposible saber aún cómo será, pero lo que sí es seguro es que seguiremos informándonos todo lo posible y llevaremos todas las ganas, todo el esfuerzo y toda la intención de superar cada obstáculo que se nos ponga enfrente para recomenzar con un infinito agradecimiento por tener esta oportunidad que muchos buscan y pocos logran.
Y si a eso le sumamos el apoyo y el sostén que recibimos de todos los nuevos amigos (reales y virtuales) que estamos haciendo en esta travesía, ¡es realmente mucho decir!
(En verdad lo valoramos, ¡gracias!)









