Esta semana fue dura para nuestro espíritu y para mi gastritis nerviosa...
Tuvimos la felicidad de la noticia de que unos queridos amigos recibieron sus órdenes de exámenes médicos, y a la vez recibimos la pesada preocupación de saber que a nosotros no nos llegaban aun las nuestras a pesar de haber remitido antes que ellos la solicitud a la Embajada canadiense.....
Que nervios, terribles, ¡¡que angustia!! Lamento no haber podido celebrar como mis afectos me pedían la alegría de los amigos, les pido disculpas a ellos porque ellos mismos quedaron con la preocupación de no saber que ocurría con nuestro proceso...
Pero tras insistir (como gotita en la piedra...) enviando y re enviando emails a la embajada (lo admito, estuve requete pesada!), obtuve por fin la respuesta de que ya nos están enviando las dichosas órdenes.
Así que leyendo el email, gritamos como locos de contentos, nos abrazamos y celebramos... eso fue anoche, y siguió así el día de hoy.
Pero esta noche se me apretujó el corazón: mi hija mayor (12 años), mi princesa, mi debilidad y mi fortaleza, se me desplomó. Empezó a llorar a escondidas hasta que su hermanita, mi Palomita de 7 años, la descubrió y me lo contó. La abracé y pregunté que pasaba.
Me dijo que le duele dejar todo, que sus amigas le harán falta, que si su perrito, su primita, sus compas del cole, en fin, su mundo, su vida...
Tuve que apretar la mandíbula y hacer fuerzas para no pensar en lo que dejamos nosotros: mi hermano, compadre y mejor amigo, mis hermanas (tan diferentes las dos pero las dos únicas a su manera), la mamá del compañero de mi vida, sus hermanas, los amigos, los compañeros de facultad, del trabajo, los lugares que nos gusta recorrer y visitar, las comidas, el idioma guaraní en el día a día, ¡el tereré con los amigos ("con los perros" como decimos aquí)!.... en fin, un listado interminable.
Tuve que apretar la mandíbula y el corazón, encender el cerebro y la bola de cristal para decirle: "Mi vida, es cierto que dejamos todo eso, pero tendrás nuevas amigas, otro perro, nuevas experiencias, nuevo cole y nuevas compas, seguirás en contacto con tus primitas por internet y por teléfono, incluso vendremos de visita. Pero lo mejor de todo eso es que tendrás una nueva vida, que te asusta porque ni te imaginas lo diferente que será, pero diferente para mejor; y sobre todo, un nuevo futuro, uno aun mejor que el nuevo presente que nos espera"
Al terminar de decirlo ella dejó de llorar, yo misma me sentí mejor, y mi belleza mediana (9 años) que sólo contemplaba como espectadora, continuó: "NO, mamá, lo mejor es que
ya no voy a tener miedo... de los ladrones y secuestradores especialmente!"
¿Se imaginan? Nueve añitos y respondiendo eso...
¡Definitivamente fue mucho más que un consuelo! Fue como para salir hoy mismo ¡¡¡y corriendo!!!