... y reinventarse en Sherbrooke

domingo, 30 de enero de 2011

Diferente

Esta noche laboral hospitalar que acaba de terminar ha tenido un pequeño "bemol", he tenido una experiencia diferente a las habituales en el hospital.
A eso de las 05h00 am fui a prestar atención a un paciente internado quien, ante cada gesto que yo hacía como parte de mi trabajo, me preguntaba qué, por qué y para qué hacía lo que hacía. Habituada a trabajar con pacientes ancianos a menudo afectados de enfermedades mentales, tengo bastante paciencia y una buena dosis de humor, las cuales apliqué para responder de la manera más amable posible al insistente señor. El mismo llegó incluso a preguntarme una vez si yo estaba segura de lo que decía, a lo que también respondí pacientemente y con una sonrisa que "claro que si".
Cuando terminé mis tareas, cerca de la hora de salida, la jefa del servicio me llamó porque quería "que yo supiera algo importante". Para mi sorpresa, me preguntó si yo había respondido a una llamada del susodicho señor, respondí que sí, y la jefa entonces me cuenta que en el momento en que ella hizo su recorrida el señor le contó que "una señora entró aquí a hacer tal y tal cosa, pero para mí que no lo hizo bien". La jefa le preguntó si porqué pensaba eso, y el señor no dio ni una respuesta concreta. Ella entonces procedió a demostrar al paciente que lo que yo había hecho estaba correcto y a explicarle (una vez más, sin ella saberlo) porqué yo lo había hecho.
Al llegar a ese momento de su relato, yo la interrumpí para contarle que a mí me había preguntado las mismas cosas, y ella prosiguió: ocurrió que el señor le dijo que "ahora que es usted quien lo explica, SI, LE CREO". La jefa, quien me aprecia mucho y está contenta con mi forma de trabajar (me lo dice a menudo) se molestó y preguntó al señor si es racista. El hombre no le respondió enseguida. Cuando lo hizo fue solamente para decir que yo "hablo raro y no se me entiende". La jefa, disgustada ya, le respondió que, efectivamente, yo tengo un acento extranjero porque soy extranjera obviamente, pero que se me entiende muy bien, que "muchos quebecois hablan peor" (que yo, claro) y que él nunca se había quejado antes. A eso el señor tampoco respondió.
Ante mi obvia incomodidad, ella terminó diciéndome que quería que yo lo supiera, porque un paciente así puede quejarse por no importa que motivo y, si el responsable del servicio no conoce lo suficiente al personal, se podría prestar a problemas desagradables. 
Para otra oportunidad, debo saber "leer entrelíneas" este tipo de comportamiento y a este tipo de personas, más vale que sea yo quien comente primero a la jefa de turno si tengo un paciente que hace preguntas raras o que tiene actitudes sospechosas, lo cual me lleva a pensar que debo "sospechar" de la gente, y eso me desagrada sobremanera porque, después de todo, es la primera vez que vivo una experiencia así, nunca antes ningún paciente se había quejado o se había molestado porque yo fuera, hablara o tuviera un acento "diferente". Al contrario, la mayoría de las personas me pregunta de donde vengo, tratan de decir algunas palabras en español, me preguntan si mi pais es un pais "cálido" o me cuentan de cuando fueron de vacaciones "al sur", a algún paraiso caribeño.
No me parece justo que por UN individuo racista entre los cientos que me ha tocado atender en casi tres años de trabajo en el hospital universitario, deba pensar que cualquiera puede ser racista. Hacer eso sería caer en el mismo antivalor del señor: estereotipar a todas las personas por los rasgos negativos de unas pocas. Y a eso, me niego rotundamente!

2 comentarios:

Dominic Abreu dijo...

Gracias por compartir esta experiencia. Es algo a lo que ningun extranjero en ninguna parte del mundo, se va a escapar,

Dominic,

quique ruiz dijo...

Excelente actitud. No es necesario ponerse paranoico.

Nos estamos viendo!

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